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domingo, 26 de octubre de 2008

Recuerdos

RECUERDOS



Mi ciudad, mi barrio, mi casa, mi hogar... ¡mi infancia!, sí que está lejos, no porque esto involucre varios veranos, otoños, primaveras e inviernos completos (que no son muchos, sólo 18); yo diría lejos por la distancia, aquella que me separa de ese sitio de fantasía en donde no es necesario conocer mucho para conocerlo todo, todo y a todos. Así es mi ciudad, pequeña y acogedora, en donde hablar de frío y nieve resulta siendo un misterio oculto entre el cielo resplandeciente que parece querer vivir más y más cada día con la llegada del ocaso. En una ciudad donde la gente te recibe con una sonrisa y no busca más allá de lo que tiene (ya que se cree tenerlo todo, sol, arena, playa, hogar y amigos). Así es Tumbes, una tierra que es un edén, que me quiso y acogió como una madre a su hijo desde antes que vea y admirase su belleza.
Se me hace imposible hablar de mi infancia, niñez y parte de mi adolescencia sin mencionar a Tumbes, el lugar que me vio nacer y que es protagonista de un sin fin de aventuras, y, por que no… de romances también, no solo míos sino de aquellos a los que yo llamo amigos. Lo primero que me viene a la mente es ese club de chicas que fue cambiado y remodelado tantas veces, que ya ni recuerdo, cada vez que se descubría donde era, lo cambiábamos. En ocasiones era debajo de una mesa, entre unos arbustos, en el patio de mi casa, en el cuarto de alguna de nosotras...uff, etc.,etc.; algo curioso es que nunca tuvo nombre, no logramos ponernos de acuerdo, pero eso no era problema, lo único que queríamos era jugar y pasarla bien imitando a nuestros adversarios, los chicos, ellos eran cuatro: Dante, Arturo, Rodolfo, Thiago. Recuerdo que el más rudo era Dante, por eso era el jefe de su grupo, con apenas ocho años se proyectaba como todo un líder; pero esos aires de líder se esfumaban cuando Melissa, su hermana mayor, y miembro del club de chicas, le decía:

-Le voy a decir a mamá

Entonces dejaba de ser ese niño “líder de grupo” para adoptar el rol de hermanito menor y suplicar no decir nada a la jefa (o sea su mamá), cada vez que se le iba la mano con alguna broma. Melissa siempre accedía a sus pedidos con algún pequeño regalo a cambio como chocolate para todas, uhmm... eso nos gustaba; la diferencia entre ellos y nosotras era que la razón de ser de los “Bárbaros”, como se hacían llamar ellos era buscar la estrategia perfecta de ataque, recuerdo una que hoy admito lo buena que fue, todo empieza con el fin de una de nuestras batalla, en la cual Dante decide rendirse y firmar un acuerdo de paz.

- ¡Esta bien nosotras queremos lo mismo, dijo Lilia, miembro del club de chicas.

Una vez firmado dicho acuerdo, siguieron 2 días de paz en los cuales podíamos jugar tranquilas y sin preocupaciones, incluso en el “campo de batalla”, el cual era la conexión que había entre el patio de mi casa con la cochera de Melisa y Dante y la parte trasera de la casa de Thiago, era un espacio muy grande, o así lo veíamos. Ya que son casonas antiguas
eran adecuadas para los juegos de niños, y perfectas para un ataque aéreo; sí, fuimos víctimas de una lluvia de globos que lanzados de cierta altura resultan muy dolorosos, plish, plashh caían los globos y nosotras ahí sin poder defendernos, no llevábamos más que unas muñecas que estaban igual de mojadas. Al tomarnos por sorpresa no tuvimos opción a nada, lo único que hacíamos era gritar:

-¡Traidores, traidores!

Sin duda recibieron un buen castigo y no volvieron a molestarnos por varias semanas, ese ataque nos sirvió para nunca bajar la guardia ya que estos “franco tiradores” volverían al ataque.
En cambio nosotras, a diferencia de ellos, no necesitábamos de ningún plan, ataque, batalla, o pelea, sólo nos reuníamos porque queríamos jugar, con ellos o sin ellos, no era muy importantes, o eso les hacíamos creer.
Hablar de mi infancia me resulta muy graciosa y vuelven esos recuerdo de alegría, no sólo con los amigos que tuve sino también por la familia que tengo cómo olvidar esa improvisada hamaca de sábanas que hacía mi primo Julio en la sala de mi casa, o las clases de baile de Jacqueline y Jazmín, quienes no permiten que se me olvide la que era entonces mi canción favorita (estamos hablando de cuando tenía un poco más de 3 años), dicen que cada vez que la escuchaba corría a ponerme un trajecito al que llamaba mi “sopa de caracol”, el que hacía alusión al nombre de dicha canción, y sin importarme dónde esté me ponía a bailar. No cabe duda que fui una niña feliz, en especial en las Navidades, ¡qué Navidades aquellas!, en donde Papá Noel - luego entendí que eran mis papas- me llenaba el arbolito de navidad con todo lo que había pedido en la lista de regalos. De esas navidades recuerdo los rostros de alegría de mis papas al vernos felices con los regalos, y digo vernos porque en ese entonces éramos 2; karlita, mi hermana menor y yo; Priscilla mi otra hermana nació mucho después, quien todavía disfruta de esa edad que yo ya deje atrás
en la ciudad que me llena de nostalgia, a la que vuelvo cada verano, ya no para jugar a tener un club, pero si a pasar Navidades, ya no como la niñita que esperaba las 12 para abrir los regalos; sino como la jovencita que disfruta el simple hecho de estar en casa, (claro, si hay regalos mejor).
Ahora, lejos de ese lugar cuando me preguntan, ¿por qué vas? Simplemente respondo: “porque es ahí donde me gusta estar”.

2 comentarios:

OMAR SHERIFF dijo...

Felicitaciones Mariu Se ve Que tienes Futuro como escritora Sigue asi ah!!

Muy divertida estuvo tu pequeña biografia sigue adelante amiga .

Omar SheriFF

Anónimo dijo...

Chevere... veo que no solo eres linda si no también escribes lindo ;)

Toda una cajita de sorpresas preciosaaa. ¡Felicidades!